Verónica Mimoun Studio
13 valoraciones

Ático en NEW YORK

Vivir sobre los tejados de Greenwich Village
Apartamento con terraza en Greenwich Village, Nueva York
En uno de los barrios más singulares de Manhattan, donde las calles conservan la escala humana y el ladrillo antiguo convive con el arte contemporáneo, se alza este apartamento en altura con terraza privada. Un hogar que mira la ciudad desde arriba sin perder jamás el contacto con su espíritu de barrio: íntimo, culto, lleno de vida.

La Entrada
Al cruzar el umbral, el recorrido comienza con una claridad que lo dice todo. A la izquierda, una pared con acabado texturizado en tono piedra, de aspecto mineral, aplicado a mano, introduce una temperatura cálida que contrasta con el blanco nítido del resto del espacio. Frente a la puerta, un sofá de dos plazas tapizado en terciopelo color caramelo, de silueta redondeada y líneas suaves, actúa como primera pieza de bienvenida. Sobre él, un gran espejo circular de marco fino en metal bronce ocupa la pared con una presencia rotunda y serena a la vez: no decora, enmarca. Lámpara de pie de Flos modelo Coordinates.
El suelo de madera de roble en tono blanqueado, de tablón ancho y acabado mate, recorre todo el apartamento, unificando visualmente el espacio desde el primer paso. A ambos lados del pasillo de entrada se resuelve el almacenaje con armarios empotrados a medida, lacados con tiradores lineales en metal gris oscuro, perfectamente enrasados con la pared. Un nicho abierto en el conjunto alberga unas piezas de cerámica en naranja vibrante que aportan el único acento de color en este primer tramo. La puerta de entrada conserva su herraje en latón dorado, guiño a la arquitectura del edificio.

El Comedor
La zona de comedor se abre generosamente hacia la ciudad. La mesa, de madera maciza de roble americano con estructura ensamblada a inglete, de factura artesanal y gran formato, preside el espacio con la autoridad de una pieza única. La rodean sillas de estructura metálica negra con asiento y respaldo tapizados en tejido bouclé gris perla, de línea orgánica y brazos envolventes. A un lado, un banco corrido a medida lacado con cojín en terciopelo burdeos define el lado de la ventana, integrando también capacidad de almacenaje en su base.
La lámpara que corona el conjunto es una pieza escultórica de primer orden: una composición de esferas en metal bronceado y blanco lacado, de distinto tamaño, que cuelga en constelación sobre la mesa obra de Rosie Lie, Bubbly 04 Chandelier. Su presencia es tan pictórica como lumínica. En la pared lateral, una gran obra sobre lienzo en tonos grises y plateados, de textura orgánica, de aspecto casi geológico, ancla el espacio y dialoga con la paleta cromática del conjunto. En el muro del fondo, una pintura figurativa de colores vivos aporta el contrapunto expresivo del proyecto.
Desde aquí, las ventanas de doble guillotina enmarcadas abren el comedor sobre los tejados del Village: torres de agua, árboles sin hojas en invierno, y la silueta inconfundible de Manhattan al fondo.
La vinoteca Sub-Zero integrada en el mueble de paso entre comedor y cocina, de frente acristalado y capacidad para unas cuarenta botellas, subraya la vocación de hogar social de este espacio. La encimera sobre ella, Inalco Silk bush-hammered black, contrasta con el gris suave del mueble de carpintería lacada. Sobre la mesa, un cuenco torneado en madera de olivo —con veta viva y acabado natural y un jarrón cilíndrico de metal dorado envejecido componen el centro de mesa con la precisión de una naturaleza muerta.
La lámpara colgante, una composición horizontal de esferas en latón oscuro y blanco lacado, de tamaños variables, montadas en un eje de metal bronceado, es la pieza que articula visualmente la zona de comer. No ilumina: protagoniza. Conversa directamente con la gran obra pictórica colgada en la pared del fondo: una pieza de gran formato con texturas minerales en marrón, dorado, plata y negro, de aspecto casi cosmológico.

El Salón – Tres Planos, Una Sola Atmósfera
El salón se despliega en continuidad con el comedor, sin separación física, pero con una identidad propia que lo distingue. Las vistas son su razón de ser: grandes ventanas corridas y una puerta corredera de acceso a la terraza enmarcan el skyline del Bajo Manhattan con el One World Trade Center como faro permanente.
El sofá principal, de gran formato y tapizado en bouclé gris claro, define el eje del salón. Su composición en L abraza el espacio con generosidad. Junto a él, una chaise longue Herman Miller tapizada en tejido de lino color mostaza, de estructura en madera con patas torneadas, aporta el acento cromático más cálido del conjunto. Sobre ella, cojines en tejido geométrico beige y crema. Dos butacas de estructura metálica negra con tapizado en bouclé tostado, de línea arquitectónica y brazos rectos, completan el grupo de asientos, creando un hilo conductor a lo largo de todo el apartamento.
La mesa de centro es una de las piezas más singulares del proyecto: de forma orgánica irregular, casi como una piedra pulida, en travertino natural con veta visible, apoyada sobre un basamento escultórico del mismo material. A su lado, una pequeña mesita auxiliar torneada en madera oscura, Eames Turned Stool de silueta en doble disco, añade una nota artesanal. A un lado, lámpara de pie Post Floor Lamp de Muuto.
Toda la pared del fondo está ocupada por una librería-mueble de televisión diseñada a medida, lacada con tiradores lineales en metal oscuro. Integra la pantalla en posición central, flanqueada por módulos de estantería abierta y cajones en la parte inferior. Los altavoces Sonos se integran discretamente entre los libros y los objetos de decoración. A la derecha de la librería, una gran obra figurativa en blanco y negro, dos figuras humanas tratadas con gesto expresionista, ocupa el lugar de honor.
En el alféizar corrido bajo las ventanas, una vitrina baja a medida lacada actúa como zócalo y superficie de exposición. Sobre él, dos jarrones de cerámica artesanal en verde grisáceo y una lámpara de mesa de diseño reconocible, referencia al modelo Taccia de Flos, con pantalla circular en cristal blanco y base en metal cromado, sitúan el espacio en una conversación directa con la gran tradición del diseño del siglo XX. Completando el salón, una lámpara de pie de tres focos articulados en metal negro, AJ de Arne Jacobsen, acompaña la chaise longue con una luz de lectura precisa y elegante.
La alfombra que unifica el conjunto del salón es de pelo largo en tono arena muy claro, de textura esponjosa, que suaviza el contraste con el suelo de madera y aporta calidez táctil al espacio, de Homenature.

Al caer la tarde, el salón se transforma. La iluminación indirecta perimetral, una banda de luz LED empotrada en el falso techo a lo largo de la pared de ventanas, baña el espacio en un tono cálido y envuelve el interior mientras el skyline se enciende al otro lado del cristal. Nueva York entra en casa.

La Terraza
Desde el salón, dos puertas correderas de gran formato dan paso a la terraza privada: un espacio exterior excepcional que rodea el apartamento y ofrece vistas de 270 grados sobre los tejados de Greenwich Village y el Bajo Manhattan.
El mobiliario exterior es de estructura metálica en antracita: un sofá de dos plazas con tejido de malla trenzada, sillas apilables de diseño contemporáneo y una mesa con sobre en piedra gris, todo en una gama cromática que conversa con la piedra del edificio. Los cojines exteriores en rojo teja, beige y geométrico añaden color y confort. Maceteros de gran formato en fibrocemento gris albergan arbustos esféricos podados y árboles de porte esbelto que filtran visualmente la barandilla blanca. La iluminación exterior se resuelve con apliques de pared en negro mate.
La imagen más poderosa de la terraza, y quizás de todo el proyecto, es la que la nieve convierte en escenografía: la mesa y las sillas bajo un cielo de tormenta, y al fondo, el One World Trade Center emergiendo entre nubes como un obelisco de luz.

La Cocina
La cocina es el corazón más vivo del apartamento. Un espacio concebido para quien ama cocinar tanto como reunir: funcional hasta el último centímetro, pero cargado de personalidad y color.
Todos los muebles están lacados en el color Mole´s Breath de Farrow and Ball, con tiradores lineales en metal negro mate. El contraste con las encimeras en negro es rotundo y sofisticado. El suelo de la cocina de Atlas Concorde, cambia al porcelánico de gran formato en gris oscuro, diferenciando con precisión la zona de trabajo del resto del apartamento.
La isla central de gran formato es a la vez zona de preparación y barra de desayuno, con una extensión lateral en altura que funciona como escritorio de cocina: el lugar donde se hojea el libro de recetas del día. Cuatro taburetes altos de asiento redondeado tapizados en piel color caramelo, con patas metálicas negras de perfil fino, invitan a sentarse y participar del ritual culinario.
La cocina exhibe con orgullo su vocación profesional: una cocina a gas de seis fuegos, Sub-Zero, con mandos en rojo, de tipología claramente inspirada en la tradición francesa— con campana extractora, también de Sub-Zero, integrada en el módulo superior. Una cafetera espresso de acero cromado de gama alta y un filtro de agua de mesa completan la zona de bebidas. Un armario de bodega acristalado, visible desde la zona del comedor, almacena botellas con la misma elegancia que el resto del espacio.
El sistema de iluminación es uno de los elementos más singulares del proyecto: un conjunto de luminarias colgantes cilíndricas en metal negro oscuro, suspendidas mediante cables tensados que convergen en un punto central del techo, un disco negro mate de distribución, y se despliegan en abanico hacia distintos puntos de la isla y la encimera. El resultado es casi escultórico, Wireflow de Vibia.
A ambos lados de la campana, dos módulos de estantería abierta exhiben la colección de tazas artesanales en distintos tonos, naranja, verde menta, gris, crema, mostaza, dispuestas con el rigor de una instalación de arte. En la repisa flotante sobre el escritorio lateral, grandes cuencos torneados en nogal americano conviven con libros de cocina de espina, Plenty, Alice Waters, Flavor, y botellas de cristal en ámbar, verde y blanco.
La pared que separa la cocina del espacio adyacente está revestida con un papel pintado de Cole and Son, Nuvolette, que evocan los cielos neoyorquinos de invierno. El espacio alberga un sofá cama tapizado en tejido gris medio con cojines en naranja teja y geométrico multicolor, sobre una alfombra de pelo corto en terracota de Homenature. Una pared entera de armarios empotrados lacados cierra el fondo con orden y discreción. Lámpara de pie Parentesi de Flos.

El Dormitorio Principal – Serenidad sobre Manhattan
El pasillo de acceso al dormitorio principal es en sí mismo un umbral poético. En la pared izquierda, una galería de fotografías enmarcadas en negro, imágenes en blanco y negro y color, de distintos formatos, dispuestas en composición asimétrica, anuncia el tono íntimo y personal del espacio privado.
El elemento más poderoso del dormitorio es la pared del cabecero: Mediterranean Arches, un papel pintado de gran escala que reproduce arcos ojivales y molduras arquitectónicas en tono piedra blanquecina, de aspecto casi escayolado, que cubre íntegramente el muro de suelo a techo. La referencia es inequívocamente neogótica, evoca los interiores de la Grace Church o de la Jefferson Market Library, ambas a pocas manzanas, pero tratada con una sutileza cromática que la convierte en fondo, no en protagonista.
La cama de gran formato destaca con sobriedad: cabecero tapizado en tejido, de línea recta y altura generosa. La ropa de cama combina sábanas en lino blanco, una manta de tejido artesanal en camel con ribete festoneado y cojines en dos registros: unos grandes en tejido de textura esponjosa y otros en estampado ondulado en mostaza, ocre y marrón. A ambos lados, dos mesitas de noche de forma redondeada en madera de nogal oscuro, con cajones de perfil curvo y acabado satinado— acompañan el conjunto con elegancia. Sobre ellas, dos lámparas de mesa Louis Poulsen de base en latón dorado y pantalla de vidrio en blanco opal aportan una luz cálida y difusa.
Frente a la ventana central, con vistas directas al One World Trade Center, una mesa escritorio de madera de roble natural alberga un ordenador de sobremesa. En el ángulo junto a la puerta de la terraza, un sillón de brazos compacto tapizado en tejido gris perla crea un rincón de lectura, acompañado de una lámpara de pie con esfera de vidrio opal. La alfombra de pelo largo en tono arena de Homenature y el banco a los pies de la cama tapizado en terciopelo verde musgo cierran la composición con calidez.

El Baño Principal
El baño en suite es un espacio de serena eficiencia. Todos los paramentos están revestidos con placas de gran formato en caliza gris beige, con acabado honed de textura suave al tacto. El mueble de lavabo realizado a medida es suspendido, lacado, con una larga encimera en cuarzo blanco que alberga dos lavabos empotrados rectangulares. La grifería mural en cromo se asienta directamente sobre el revestimiento de piedra. La pared sobre la vanidad está cubierta por un gran armario espejo de puertas batientes que organiza el almacenaje con invisibilidad total.


La bañera empotrada, encastrada en una bancada del mismo revestimiento de piedra, ocupa el ángulo junto a la ventana, que se abre directamente sobre el skyline de Manhattan. Bañarse con el One World Trade Center al fondo es uno de esos privilegios silenciosos que solo Nueva York puede ofrecer. Aplique Flos modelos Coordinates wall.

El Vestidor
Contiguo al baño, el vestidor a medida se organiza en módulos lacados en blanco roto con iluminación integrada en perfil LED en cada estante y en el zócalo inferior. El interior combina barras de colgar a doble altura, cajones de varios formatos y baldas para zapatos con listones inclinados. Las puertas batientes con espejo de cuerpo entero completan la solución con practicidad absoluta.

Dormitorio de Invitados
Si el dormitorio principal habla el lenguaje sereno del arquitecto neoyorquino, el dormitorio de invitados se expresa con una voz radicalmente distinta: más audaz, más sensual, más viajada.
La pared del cabecero está revestida con un impresionante papel pintado de Cole and Son, Piccadilly Seville, de medallones geométricos en azul profundo, turquesa, dorado envejecido y granate, de inspiración orientalista, que cubre el muro de suelo a techo. Es una declaración de intenciones: este cuarto tiene mundo. La cama presenta un cabecero tapizado en terciopelo naranja teja, un acento que vibra con intensidad sobre el papel azul, y ropa de cama en lino gris suave. Los cojines combinan piezas en bouclé rosado y kilim geométrico en caqui y crudo. A ambos lados, dos mesitas de noche de perfil trípode en metal negro modelo Florence de Knoll sostienen sendas lámparas Laguna de Artemide de base en latón dorado y esfera de vidrio opal blanco.

Baño de la Suite de Invitados
El baño de invitados propone una solución de gran refinamiento textural: un revestimiento de azulejo de pequeño formato en tiras verticales de cerámica glaseada en blanco roto y gris suave, con efecto acanalado, que cubre paredes y ducha de suelo a techo. El mueble de lavabo es de madera maciza de nogal americano con frentes moldurados en listones horizontales y encimera en cuarzo blanco. El elemento más singular es el óculo: una ventana circular de vidrio opal blanco empotrada en la pared de la ducha, que actúa como lucernario interior y permite el paso de la luz sin sacrificar la privacidad. Es un guiño arquitectónico de gran elegancia. Aplique Flos modelo Foglio.

La Diseñadora en su Obra
Junto a la chaise longue en lino mostaza, enmarcada por la ventana de guillotina y los tejados del Village al fondo, con la torre neorrománica de ladrillo rojo de la Iglesia de la Ascensión como telón, la diseñadora posa entre dos jarrones de cerámica artesanal en verde celadón, de formas orgánicas y distintos tamaños. Son piezas que resumen el espíritu del proyecto: bellas por su forma, no por su ostentación. El apartamento, detrás, respira.

La Terraza al Atardecer – El Espectáculo Prometido
Hay momentos que justifican un proyecto entero. En esta terraza, ese momento llega cada tarde cuando el sol se pone sobre el Bajo Manhattan. El cielo se incendia en naranja y violeta, la mesa de exterior queda cubierta de nieve, los maceteros de fibrocemento gris recortan sus siluetas contra la luz, y al fondo, con una precisión casi cinematográfica, el One World Trade Center se eleva sobre la ciudad como el faro de una metrópolis que no se rinde. La diseñadora lo sabe. Por eso está ahí, de pie sobre la terraza con el viento en el pelo y Manhattan a sus espaldas, en una imagen que no necesita ningún pie de foto.

El Barrio – Greenwich Village al Anochecer
Las últimas imágenes del proyecto no son del apartamento. Son de lo que el apartamento contiene: la ciudad entera desplegada desde sus ventanas y su terraza como un regalo sin igual.
Desde el sur, el One World Trade Center y el skyline del Bajo Manhattan ardiendo al atardecer, con el reloj de la Jefferson Market Library marcando las horas en primer plano. Las luces de los taxis amarillos rasgando la Sixth Avenue en larga exposición. El Empire State Building encendiéndose al norte con su iluminación azul y dorada. Las avenidas llenas de vida bajo la nieve.
Greenwich Village desde las alturas no es solo un barrio: es una promesa de que la ciudad puede ser a la vez íntima y grandiosa, antigua y contemporánea, humana y espectacular. Este apartamento lo encarna con la misma convicción.
Año del proyecto: 2026
País: Estados Unidos