Arquitectura
Rafael Moneo: Descubre los hitos de su arquitectura
Sirva de excusa el Premio Nacional de Arquitectura 2015 para recorrer la trayectoria del arquitecto español en activo más prestigioso.
La concesión del Premio Nacional de Arquitectura a Rafael Moneo, un reconocimiento que se debe tanto a su práctica profesional como su labor teórica y docente, es el colofón a una carrera impresionante. Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando desde 1997, ha recibido el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2012, las Medallas de Oro de las principales asociaciones de arquitectos –Unión Internacional de Arquitectos (1996), Royal Institute of British Architects (2003), y Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España (2006)–, y el Premio de Arquitectura Contemporánea Mies van der Rohe (2001) al edificio del Kursaal en San Sebastián. En cuanto a su labor docente, ha sido catedrático en las Escuelas de Barcelona y Madrid y decano del Departamento de Arquitectura de la Universidad de Harvard entre 1985 y 1990, donde sigue siendo catedrático. Descubre los proyectos más destacados de uno de los arquitectos españoles más relevantes del siglo XX y XXI.
Moneo asume el papel de la historia, y de hecho sus primeros proyectos destacan por reconocer el valor de lo existente, frente a la ruptura y tabula rasa de la modernidad.
Sede de Bankinter (1972-1976)
Esta actitud se refleja en la sede de Bankinter del Paseo de la Castellana en Madrid, realizado junto a Ramón Bescós. En lugar de derribar el palacio decimonónico del Marqués de Santa Cruz de Mudela –tal y como se hacía habitualmente–, Moneo convenció a la propiedad para su conservación y construye en su parte posterior un edificio que le sirve de telón de fondo y parece asomarse por encima de él. Un edificio que muestra su sensibilidad hacia el contexto –la fábrica de ladrillo que continúa la del palacete y los edificios de la zona-, el lugar –adoptando su forma para respetar las distancias a los edificios vecinos, y la historia –la referencia a los primeros edificios de oficinas bancarios, los de la Escuela de Chicago, gracias a las ventanas que se abren en la fábrica y los frisos de los huecos superiores realizados por Francisco López Hernández–.
Sus críticos verán acertadamente en este edificio el fin de la modernidad: el espacio deja de ser el objetivo principal del proyecto, y las cuestiones no solo de contexto, sino estilísticas y de lenguaje pasan a ser la primera preocupación.
Sede de Bankinter (1972-1976)
Esta actitud se refleja en la sede de Bankinter del Paseo de la Castellana en Madrid, realizado junto a Ramón Bescós. En lugar de derribar el palacio decimonónico del Marqués de Santa Cruz de Mudela –tal y como se hacía habitualmente–, Moneo convenció a la propiedad para su conservación y construye en su parte posterior un edificio que le sirve de telón de fondo y parece asomarse por encima de él. Un edificio que muestra su sensibilidad hacia el contexto –la fábrica de ladrillo que continúa la del palacete y los edificios de la zona-, el lugar –adoptando su forma para respetar las distancias a los edificios vecinos, y la historia –la referencia a los primeros edificios de oficinas bancarios, los de la Escuela de Chicago, gracias a las ventanas que se abren en la fábrica y los frisos de los huecos superiores realizados por Francisco López Hernández–.
Sus críticos verán acertadamente en este edificio el fin de la modernidad: el espacio deja de ser el objetivo principal del proyecto, y las cuestiones no solo de contexto, sino estilísticas y de lenguaje pasan a ser la primera preocupación.
Museo Nacional de Arte Romano de Mérida (1980-1985)
Aquí, el contexto no son solo las ruinas romanas que se encuentran en el lugar o las obras a exponer en su interior, sino el diálogo con la arquitectura y las formas de la antigüedad. Unas formas que se asumen desde una perspectiva tecnológica actual, utilizando el hormigón armado y consiguiendo unas dimensiones imposibles en el original. Pero ahí está el ladrillo y los diferentes tipos de arcos, lo que nos remite también –y aquí tenemos nuevamente una referencia arquitectura moderna como herencia reciente de esa historia– a la obra de Louis Kahn. El edificio consiste en una serie de muros paralelos, con lucernarios intermedios para llenar de luz el interior, lo que da lugar a una especie de bóveda virtual a partir de la superposición de arcos en perspectiva.
Descubre en este artículo qué es el Movimiento Moderno
Aquí, el contexto no son solo las ruinas romanas que se encuentran en el lugar o las obras a exponer en su interior, sino el diálogo con la arquitectura y las formas de la antigüedad. Unas formas que se asumen desde una perspectiva tecnológica actual, utilizando el hormigón armado y consiguiendo unas dimensiones imposibles en el original. Pero ahí está el ladrillo y los diferentes tipos de arcos, lo que nos remite también –y aquí tenemos nuevamente una referencia arquitectura moderna como herencia reciente de esa historia– a la obra de Louis Kahn. El edificio consiste en una serie de muros paralelos, con lucernarios intermedios para llenar de luz el interior, lo que da lugar a una especie de bóveda virtual a partir de la superposición de arcos en perspectiva.
Descubre en este artículo qué es el Movimiento Moderno
El uso de la luz en el interior fue en su momento uno de sus grandes hallazgos y las imágenes de cómo resbalaba entre la sucesión de arcos a la romana y las piezas auténticas del museo recorrió el mundo y fue el origen de la fama internacional del autor.
Una propuesta que cae sin disimulo en lo escenográfico tratando de conservar los valores modernos más allá del lenguaje utilizado. En su cimentación, el edificio se inserta en los restos arqueológicos del lugar pero implantando una nueva dirección y estableciendo de esta forma un diálogo geométrico entre lo antiguo y lo nuevo.
Una propuesta que cae sin disimulo en lo escenográfico tratando de conservar los valores modernos más allá del lenguaje utilizado. En su cimentación, el edificio se inserta en los restos arqueológicos del lugar pero implantando una nueva dirección y estableciendo de esta forma un diálogo geométrico entre lo antiguo y lo nuevo.
La ciudad –la construcción de ciudad– es otra de las preocupaciones que recorren la obra de Moneo. En ellas siempre ha tratado no solo de ser respetuoso con el entorno en que se inserta sino que sus edificios formen parte del lugar.
Edificio L’Illa en la Avenida Diagonal, Barcelona (1986-1993)
Realizado junto a Manuel de Solà-Morales, le ofreció la oportunidad de abordar un proyecto de grandes proporciones dentro de la ciudad.
Moneo y Solà-Morales asumen la herencia urbana simbolizada en la alineación de la edificación con la calle y la regularidad de los huecos de fachada pero establece un juego de volúmenes sutil. El resultado es un objeto de gran potencia dentro de la ciudad, pero al mismo tiempo de gran sensibilidad.
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Edificio L’Illa en la Avenida Diagonal, Barcelona (1986-1993)
Realizado junto a Manuel de Solà-Morales, le ofreció la oportunidad de abordar un proyecto de grandes proporciones dentro de la ciudad.
Moneo y Solà-Morales asumen la herencia urbana simbolizada en la alineación de la edificación con la calle y la regularidad de los huecos de fachada pero establece un juego de volúmenes sutil. El resultado es un objeto de gran potencia dentro de la ciudad, pero al mismo tiempo de gran sensibilidad.
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Hospital Materno-Infantil Gregorio Marañón en la calle O’Donnell de Madrid (1996-2003)
Realizado junto a José María de la Mata, la respuesta al entorno urbano se vuelve más abstracta en el volumen más compacto que se adapta perfectamente a las alineaciones tanto de la calle como del interior de la parcela, y que se transforma por un acabado vibrante, compuesto por vidrio verde y aluminio que introduce brillos matizados, que se pliega para crear sombras y que incorpora los huecos de ventana.
Interiormente el edificio se transforma a través de una serie de patios que llenan de luz tanto los vestíbulos y zonas de circulación como las habitaciones de hospital. Se entiende así completamente la lógica de un edificio que construye ciudad pero al mismo tiempo se vuelca hacia su espacio interior huyendo de la agresividad del entorno en que se encuentra.
Realizado junto a José María de la Mata, la respuesta al entorno urbano se vuelve más abstracta en el volumen más compacto que se adapta perfectamente a las alineaciones tanto de la calle como del interior de la parcela, y que se transforma por un acabado vibrante, compuesto por vidrio verde y aluminio que introduce brillos matizados, que se pliega para crear sombras y que incorpora los huecos de ventana.
Interiormente el edificio se transforma a través de una serie de patios que llenan de luz tanto los vestíbulos y zonas de circulación como las habitaciones de hospital. Se entiende así completamente la lógica de un edificio que construye ciudad pero al mismo tiempo se vuelca hacia su espacio interior huyendo de la agresividad del entorno en que se encuentra.
El Palacio de Congresos y Auditorio Kursaal en San Sebastián (1990-1999)
Este proyecto se apoya en una metáfora directa, tal vez demasiado evidente: los auditorios son dos rocas varadas entre la ciudad y el mar. Consideremos además que cuando el concurso se convocó no se había ampliado la playa de Zurriola y el edificio hubiera sido realmente el límite de la ciudad con el mar Cantábrico.
Este proyecto se apoya en una metáfora directa, tal vez demasiado evidente: los auditorios son dos rocas varadas entre la ciudad y el mar. Consideremos además que cuando el concurso se convocó no se había ampliado la playa de Zurriola y el edificio hubiera sido realmente el límite de la ciudad con el mar Cantábrico.
La idea gana sutileza en su materialización. Las piedras se construyen con una doble piel de vidrio ondulado que las convierten en objetos mucho más abstractos y de noche se convierten en grandes luminarias para la ciudad. Las vistas desde la lejanía compiten como imagen de la ciudad con las de la famosa playa de la Concha. Tal vez, el punto más discutible sea la visión cercana desde la calle, donde a pesar de los esfuerzos de integración con la ciudad, el edificio hace de barrera con el mar.
Interiormente los espacios intermedios entre las salas y la piel son de una delicadeza extrema, tal vez los de mayor sutileza de toda la obra de Moneo.
Esos espacios, de relación más que de circulación, tan importantes en un auditorio y centro de congresos, se convierten en lugares de gran abstracción donde los protagonistas son los propios materiales y la luz, dando lugar a una experiencia sensorial autónoma.
Esos espacios, de relación más que de circulación, tan importantes en un auditorio y centro de congresos, se convierten en lugares de gran abstracción donde los protagonistas son los propios materiales y la luz, dando lugar a una experiencia sensorial autónoma.
Museo de Arte Moderno y Arquitectura (1991-1998)
Estocolmo está situada sobre un conjunto de catorce islas. En una de ellas, Skeppsholmen, se encuentra este museo. La aproximación de Moneo es puramente paisajística, el origen del proyecto es la inserción delicada en un entorno tan frágil visualmente hablando.
El organicismo de la composición, el diálogo con la horizontalidad del paisaje son fundamentales en un proyecto que asume su pintoresquismo sin avergonzarse de ello, reclamando la capacidad de evocación y emoción sensorial.
En el ala dedicada a Museo de Arquitectura, se produce un cambio radical de lenguaje: superficies blancas que remiten al movimiento moderno desde una perspectiva nórdica aaltiana.
Estocolmo está situada sobre un conjunto de catorce islas. En una de ellas, Skeppsholmen, se encuentra este museo. La aproximación de Moneo es puramente paisajística, el origen del proyecto es la inserción delicada en un entorno tan frágil visualmente hablando.
El organicismo de la composición, el diálogo con la horizontalidad del paisaje son fundamentales en un proyecto que asume su pintoresquismo sin avergonzarse de ello, reclamando la capacidad de evocación y emoción sensorial.
En el ala dedicada a Museo de Arquitectura, se produce un cambio radical de lenguaje: superficies blancas que remiten al movimiento moderno desde una perspectiva nórdica aaltiana.
Fundación Pilar i Joan Miró en Palma de Mallorca (1987-1992)
Uno de los proyectos en que Moneo gozaba a priori de mayor libertad formal. Aquí puede verse la necesidad del arquitecto de someterse a un contexto al que servir. Ante la ausencia de condicionantes urbanos, la referencia adoptada es la propia pintura de Miró y el taller que para él construyó en el lugar Josep Lluís Sert.
Uno de los proyectos en que Moneo gozaba a priori de mayor libertad formal. Aquí puede verse la necesidad del arquitecto de someterse a un contexto al que servir. Ante la ausencia de condicionantes urbanos, la referencia adoptada es la propia pintura de Miró y el taller que para él construyó en el lugar Josep Lluís Sert.
Una construcción en dos cuerpos: uno lineal que sirve de basamento al taller y otro con salas en forma de estrella recordando los cuadros del pintor catalán. Como suele suceder en Moneo el esquema inicial se reelabora de forma abstracta, el inicio no es más que una excusa para iniciar el proceso de proyecto, que es la fase que realmente interesa al arquitecto, para producir en este caso espacios aparentemente menos racionales, más intuitivos de los que nos suele tener acostumbrados, con la luz mediterránea como protagonista.
Biblioteca del campus Aremberg de la Universidad de Lovaina (1997-2002)
Sea azar o elección, el diálogo directo con edificios históricos es uno de los problemas a los que Moneo se ha tenido que enfrentar de forma recurrente a lo largo de su carrera. Uno de los ejemplos más interesantes, aunque tal vez no sea de los más conocidos, es el de la Biblioteca del campus Aremberg de la Universidad de Lovaina (1997-2002) que ocupa y amplía los restos de una abadía del siglo XVI.
La actuación de Moneo asume las preexistencias y las incorpora a su edificio como si fueran propios. A ellas se añaden cuerpos nuevos que pueden ser miméticos en su color y volumen, pero entre los que se distingue un cuerpo central que contrasta tanto en estilo como en forma.
Sea azar o elección, el diálogo directo con edificios históricos es uno de los problemas a los que Moneo se ha tenido que enfrentar de forma recurrente a lo largo de su carrera. Uno de los ejemplos más interesantes, aunque tal vez no sea de los más conocidos, es el de la Biblioteca del campus Aremberg de la Universidad de Lovaina (1997-2002) que ocupa y amplía los restos de una abadía del siglo XVI.
La actuación de Moneo asume las preexistencias y las incorpora a su edificio como si fueran propios. A ellas se añaden cuerpos nuevos que pueden ser miméticos en su color y volumen, pero entre los que se distingue un cuerpo central que contrasta tanto en estilo como en forma.
Iglesia de Iesu en Riberas de Loiola, San Sebastián (2007-2011)
En activo cerca ya de los 80 años, una de sus últimas obras es esta iglesia con la que ha obtenido el Premio Internacional de Arquitectura Sacra 2016. Aquí se resumen algunas de las principales características del autor, véase una concepción tipológicamente convencional que se transforma por el tratamiento de la luz y la búsqueda de un espacio monumental.
En activo cerca ya de los 80 años, una de sus últimas obras es esta iglesia con la que ha obtenido el Premio Internacional de Arquitectura Sacra 2016. Aquí se resumen algunas de las principales características del autor, véase una concepción tipológicamente convencional que se transforma por el tratamiento de la luz y la búsqueda de un espacio monumental.
La trayectoria de Rafael Moneo y su significado en la arquitectura de final de siglo es imposible de abarcar. Como arquitecto asume un papel de mediador entre las diferentes fuerzas que van a dar forma al edificio. Contexto, historia, ciudad, paisaje, arte o cultura, pero también otros condicionantes como los económicos o políticos. El arquitecto como un interlocutor más dentro de una negociación que difumina sin borrar el concepto de autoría. Ahí es donde tal vez en algunos momentos debería haber dado un paso atrás ante la evidencia de que los intereses económicos o políticos impedirían un resultado aceptable.
Su relación con el mundo de la cultura y el arte le ha llevado a colaborar con diferentes artistas en muchas de sus obras, como Pablo Palazuelo en L’Auditori de Barcelona (1987-1999) o, en la imagen, las puertas de Cristina Higueras en la Ampliación del Museo del Prado en Madrid (1996-2007). Un arquitecto erudito que ha buscado siempre hacer una arquitectura culta en su sentido más convencional.
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¿Conocías la obra de Moneo? ¿Qué es lo que más te sorprende? Esperamos tus comentarios
Su relación con el mundo de la cultura y el arte le ha llevado a colaborar con diferentes artistas en muchas de sus obras, como Pablo Palazuelo en L’Auditori de Barcelona (1987-1999) o, en la imagen, las puertas de Cristina Higueras en la Ampliación del Museo del Prado en Madrid (1996-2007). Un arquitecto erudito que ha buscado siempre hacer una arquitectura culta en su sentido más convencional.
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Nacido en Tudela (Navarra) en 1937, estudió en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, donde se graduó en 1961. Sus comienzos tienen un aura mítica: colabora como estudiante en el estudio de Sáenz de Oíza, recién graduado trabaja en el de Jorn Utzon en Dinamarca, donde participa en el proyecto de la Ópera de Sídney, y obtiene después la beca de la Academia de España de Roma.
De vuelta a España, comienza su labor como profesor y abre su propia oficina en 1973. En su trabajo asume la modernidad filtrada por su experiencia nórdica y el interés por la historia de la arquitectura y el desarrollo disciplinar.
Para Moneo la arquitectura es sobre todo una manifestación cultural que supera no solo la mera función, sino otros conceptos como lugar, forma o estilo. Su arquitectura no es rupturista sino heredera de su propia historia.
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